domingo 1 de marzo de 2009

CRISIS PROZAC: UNA FICCIÓN BASADA EN HECHOS REALES

Con la que está cayendo y qué poco nos movemos…. cómo no acabar dándose al Prozac, con este panorama de nada pasa, más que el tiempo que perdemos. Segundos preciosos de revolución ciudadana convertidos en resignación.

Salir de casa como todos los días, diario en mano, a la biblioteca más próxima para conectarse a Internet en busca de un trabajo basura, mal pagado, para el que te exigen hasta el cursillo de contorsionista, sí, aquel del que tanto me reí el día que me llamaron del INEM para ofrecérmelo. Al principio creí que era una broma de mal gusto, pues nunca me habían llamado de dicho servicio en todos los meses que llevaba en el paro y cuando lo hicieron, era para algo que en aquel momento me pareció surrealista, aunque más tarde entendí, que aquel cursillo era ideal para facilitar al señor Capital que te sodomizara sin tener que esforzarse. Enviar currículums por mail, por correo, con foto, sin foto. Llamar desde el locutorio más próximo para oír las gastadas palabras: ya te diremos algo. Era la rutina. Cumplidas las tareas típicas del parad@ llegaban las de ama de casa, las de esposa, madre e hija.

Nadie habla de la situación de crisis en la calle, como si ignorándola no fuera hacerte daño. Los que todavía resisten en sus lugares de explotación te miran como el gafe portador de mala suerte, cuando te preguntan: ¿qué tal? no quieren oír que te va como el culo y te dicen: bueno, pero todavía cobráis el paro. En el mercado oigo hablar del culebrón y del reality de turno. En la academia de peluquería, donde me tiñen el pelo a cambio de hacer de conejilla de indias, todo sea por tapar las canas de mi cuarentena de años, oigo hablar de la Leti, el Rey y una colección de nombres que no sé ubicar, y juro por la constitución del 31 que no es esnobismo sino puro desconocimiento.

Cuando llegaba a casa me encontraba con la rutina doméstica y con un compañero a quien no le habían ido las cosas mejor que a mi. Cupido fue un hijo de mala madre, nos conocimos en la empresa en la que ambos trabajábamos, en la misma que se chupó nuestros mejores años y la que nos dejó en la puta calle, después de cerrar la multinacional su división en España. Con una indemnización ridícula, que bendijeron los “compañeros” del sindicato “amén” y un tiempo de paro que corría, y corre, muy deprisa y que se corresponde a lo que habían cotizado por nosotros, o sea, por debajo de la categoría que ocupábamos. Contable con idiomas e ingeniera con hipoteca, préstamos varios, coche, electrodomésticos. Ya sé que en este punto las simpatías que podría haber suscitado se han desvanecido, pues se puede pensar que llevábamos un tren de vida pequeño burgués, y que ahora que nos den ¿no?. Pues no, vivimos en una ciudad que años atrás hubiera sido llamada dormitorio, en un piso de 70 m2, con tres habitaciones y un sólo baño, tenemos un monovolumen de gama media, unos hijos que van a un colegio público, una familia a la que ayudar y muchos compromisos y causas a las que ya no podemos aportar más que nuestro tiempo, cada día de peor calidad.

La rutina del que busca y no encuentra se convirtió un buen día en angustia, cada mes que pasaba, el dinero que entraba en casa era menor y los gastos los mismos. Yo no he notado la deflación en la cesta de la compra, pero si he podido constatar que mi vivienda ya no vale lo que pagué por ella. Toda la vida de alquiler y cuando nos decidimos a caer en el canto de sirena del boom inmobiliario, aquel hit parade: por menos de lo que pagas de alquiler puedes ser propietario (cómo resistirse a la mayor aspiración de todo ciudadano de este estado), va y estalla la burbuja inmobiliaria. Como soy de buena pasta me alegro de la bajada por los futuros compradores.

La cosa no tenía visos de mejorar así que decidimos ajustar nuestros gastos, suprimimos la conexión a Internet y la línea fija, los móviles sólo para llamar a esas horas en que es gratis, comprar marcas blancas, las salidas con los niños al cine o a realizar otras actividades también. Y piensas, bueno, al menos tengo para comer y techo, si es que el Banco Central Europeo decide que el euribor siga este ritmo descendente.

Con los meses y la desesperanza, después de llevar los niños al colegio me volvía a casa con la excusa de adelantar faena, pero cuando me daba cuenta era la hora de recogerlos y no me había movido del sillón en el que me había sentado horas antes. En ese tiempo pensaba cuántos más estarían en mi misma situación y eran tan invisibles como yo, en como perdíamos nuestro tiempo sin contactar entre nosotros, sin organizarnos, sin plantar cara a la situación. Pero sólo eran eso, pensamientos. Con el tiempo estos también desaparecieron y la tele se ocupó de disminuir mi actividad neuronal hasta reducirme al estado vegetativo.

Cuando pensaba que no podían empeorar más las cosas me encontré de bruces con la depresión de mi compañero, es increíble, tampoco había hablado con él de lo que me estaba pasando, ni tan siquiera nos preguntábamos qué tal te ha ido hoy, sólo que él, en vez de volver a casa para sentarse a ver pasar el tiempo, por vergüenza, se quedaba en un banco de un parque de un barrio vecino sumido en sus pesares. Quién nos ha visto y quién nos ve. Arrastraba los pies hasta el hospital para ir a verlo y ahogarme más en mis penas. En el pasillo me encontré con el psiquiatra que lo trataba y me dijo: si no quieres acabar como él tendrás que tomar algún fármaco que te ayude, me hizo una nota para mi doctora en la que se leía en letras mayúsculas PROZAC. Fui por inercia al centro médico y me recetaron el medicamento milagro, me dirigí a la farmacia más cercana y el farmacéutico me dijo: vaya, otro afectado por la Crisis Prozac, seguro que las farmacéuticas no cierran.

El Prozac lo tapó todo, los problemas económicos y personales. Ya no nos importaba nada que esta crisis invisible se cargara nuestra convivencia de pareja, que tan envidiada había sido por todas nuestras “amistades”, aquellas que desaparecieron en cuanto no pudimos seguir su tren de vida. Tampoco nos preocupaba que no nos pudiéramos divorciar porque no podíamos permitírnoslo, ni que nos quedaran pocos meses de paro y ninguna perspectiva de trabajo o que nuestros hijos contemplaran el panorama. Hice nuevos amigos en el médico, algunos además del PROZAC, beben, toman sustancias sin prescripción médica o se dan a la sobredosis del fármaco milagroso comprándolo a través de Internet, sin saber si lo que ingieren es yeso de la pared, algunos han caído en la ludopatía, otros han pasado en casa de las palabras a los hechos, o sea, que andan a hostia limpia. Y ahí estaba yo, sentada, escuchando cosas que me hubieran provocado una embolia por indignación tiempo atrás, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

Mi vida no tenía sentido pero tampoco necesitaba que lo tuviera, los acontecimientos me llevaban por el camino de la autodestrucción complaciente hasta que un día me encontré con un compañero. Aquel que en la asociación de cooperación con el tercer mundo a la que pertenecíamos y por la que yo había dejado de pasar hacía un tiempo, le llamaban el friki. Venía cabreado pero contento, no es una contradicción, cabreado con el capital, la especulación, la mentira y la pasividad pero contento porque venía de manifestarse con otros compañeros, pocos pero resistentes, megáfono en mano. Después de intercambiar unos saludos me explicó todo el trabajo que venían realizando, como se estaban organizando y que necesitaban gente para sacar la protesta a la calle y hacerla visible. Yo no pude resistirme y le obligué a ejercer de psicoanalista en un banco frente a otro banco, por supuesto ninguno era mío, como presupone algún anuncio televisivo. Tras deshogarme con aquel, hasta la fecha, simple conocido, sentí que recuperaba mi dignidad, mi autoestima, mi fuerza. Lo tuve más claro si cabe cuando le arrebaté el megáfono y allí mismo, frente a la sucursal bancaria, me acordé, de modo escatológico, de todos los antepasados de los que nos utilizan sin piedad para su enriquecimiento sin escrúpulo alguno. En ese momento épico cogí el Prozac, lo levanté y grité: juro por la República que no volveré a vivir sometida a ningún opio para el pueblo y acto seguido lo encesté en el punto Sigre de mi farmacia.

Algunos podrán pensar que pasé de la dependencia de un fármaco a la de una secta anticapitalista, me trae sin cuidado, los hay que toman ansiolíticos o cocaína y pertenecen al Opus Dei, sin que nadie les critique por ello, debe ser porque mandan. Ahora tengo una motivación, me he reconciliado conmigo misma y con mis ideas, he retomado a la luchadora que siempre había sido. Y a los que me dicen que con esto no voy a ninguna parte, que no vamos a cambiar nada, les digo que desde donde no se cambia el mundo es sentado delante de la televisión.

Esto no es un final feliz al modo de los cuentos que leíamos cuando éramos pequeños, aunque qué felicidad puede aportar el casarse con un príncipe para negar la plena democracia a sus súbditos. Sigo sin trabajo, con deudas y problemas, pero me alimento de nuestra lucha por cambiar las cosas. Mi relación de pareja va mejor desde que mi compañero ha decidido involucrarse en luchar contra la crisis. Incluso he rescatado del club Prozac de la seguridad social a algunos compañeros y eso me motiva.

Mi historia no pretende ser una fábula con moraleja, pero si a alguien le puede servir de ayuda o le mueve a la reflexión me doy por satisfecha, porque lo mío no es ir publicando mi vida, estas confidencias son un pequeño sacrificio por la causa.

La calle es nuestra y la palabra también.

MJB

Leer más...

viernes 22 de agosto de 2008

REVISTA RETROBAMENT. EL DÍA DESPUÉS DE LA LEY DE LA MEMORIA, ¿Y AHORA QUÉ?


Leer más...

martes 13 de noviembre de 2007

MI ÚLTIMO ADIÓS. Por Mª José Bernete.



Antonio Mojón Vázquez

Xa estamos todos sentados. Somos case trinta persoas do mesmo concello, agardando que outros decidan que será de nós. Xa queda menos tempo para desfacernos da angustia, da incerteza. Ninguén quere perder a esperanza e anhelan que o pesadelo remate axiña. Síntome como no mundo do revés, van xulgarnos aqueles que terían que ser xulgados.

En la plaza de Vigo a diez de Octubre de mil novecientos treinta y seis, reunido el Consejo de Guerra ordinario de plaza para ver y fallar la causa instruida por procedimiento sumarísimo contra los procesados paisanos… ANTONIO MOJÓN VÁZQUEZ, …. dada cuenta en la causa en Audiencia pública, oída la acusación fiscal y la defensa.

RESULTANDO.- Que el día diecisiete de Julio último se inició un movimiento militar de carácter nacional lo que dio lugar a que al declararse el Estado de Guerra desde los primeros instantes se hicieran cargo del mando y Gobierno legítimo de la Nación las Autoridades Militares.

RESULTANDO.- Que contra este Gobierno legítimo se alzaron en armas los partidos políticos que integran el Frente Popular los que constituyendo partidas militarmente organizadas en distintas partes del territorio nacional hostilizaron y de hecho hostilizan aún a las tropas antes y después de la declaración del Estado de Guerra, que por lo que se refiere a la Octava División orgànica, fue declarado este estado de excepción el día veinte de Julio. –Transcripción literal.

Len e len. Contra todos teñen algunha cousa. Como terxiversan os feitos. Como menten. Aínda non me nomearon, esqueceríanme?, qué poderán alegar na miña contra, se eu non fixen nada.

CONSIDERANDO.- Que a los mismos efectos y en lo que se refiere al procesado ANTONIO MOJÓN VÁZQUEZ, tiene también en cuenta el Consejo la mayor trascendencia que en este procesado por su cultura y profesión de maestro nacional encierran los hechos por el realizados ya que en su calidad personal necesariamente ha de ejercer influencia evidente sobre aquellos que le rodeaban entre los cuales es indiscutible tiene el cargo, prestigio y autoridad. -Transcripción literal.

Vaia, a miña falta é ser mestre. Eu que non me comportara de maneira violenta, acúsanme por ser docente. No son tan parvos, decatáranse de que o ensino é un instrumento moi poderoso. Cultura para o pobo famento de coñecemento, para sacalo do engano e do sometemento, eso si mete medo aos que queren impoñer un sistema de opresión pola forza.

Tan orgullosos que estaban todos de min. Con 17 anos mestre, aos 20 anos con escola propia, en Campo Mojado, Asturias. Se non viñera pasar as vacacións na casa, pode que non me atopara nesta situación. ¿Cómo estarán os meus alumnos?, ¿e as súas familias?, ¿resistirán os asturianos?. Agora van ler as condenas ¿cántos anos de cadea terei que sufrir?.

FALLAMOS que debemos condenar y condenamos a cada uno de los procesados MARIA GOMEZ GONZALEZ, JESUS EUGENIO PÉREZ PÉREZ, TIRSO GOMEZ FREIJIDO Y ANTONIO MOJON VAZQUEZ Y JUSTO MOURE a la pena de muerte.

¡Pena de morte!, pero ¿por qué?. Eu mesmo entregueime, non quería que fixeran dano a meu pai ou a meus irmáns, ¿qué me poderían facer?. ¡Pena de morte!. Todo o sacrificio da miña familia, o afán do meu mestre, da miña nai, ¿para qué?. Pasado mañá é o meu aniversario, 21 anos, tan só 21. Eu quería que os fillos dos que non teñen recursos tivesen as mesmas oportunidades que os fillos dos ben situados. E iso é o que non me queren perdoar, desexan a miña vida a cambio do meu atrevemento, e vana levar.

Outra vez no cárcere. Rematou o sufrimento por se alguén menciona o meu nome en voz alta cando chega a noite, xa non aparecerei morto nunha cuneta, poderei despedirme dos meus e a eles quedáralles o consolo de darme sepultura. Saberán o como, o onde e o cando do meu asasinato. Outras familias non poderán ter esa sorte.

Queda pouco tempo e teño que despedirme da miña familia, coa pluma que me trouxera meu pai de Nova York. Meu pai, un emigrante máis, nesta terra de emigración, que traballou de ebanista no taller dun xudeu, facendo mesas de billar. Lémbrome que cando había un pouco máis de diñeiro na casa era para libros, para a nosa educación. Que dor para el, ver que o motivo da súa loita é o que me ten aquí pechado, as súas ideas de xustiza, de progreso, o orgullo de ter un fillo mestre.

Vigo 25 de Octubre de 1936

Querido padre:

Tiempo hace que ya le debería tener escrito, pero después de la sentencia dictada por el Jurado que nos juzgó el día 10 del corriente, y viendo que nuestra vida estaba para desaparecer de un día a otro, o está, nunca creí que después de tal sentencia fatal nos dejasen vivir tanto tiempo. (…) Pasaron 15 días y nuestra última hora aún no ha llegado. En vista de ello, cojo la pluma para escribirle esta carta ¿quizá la última? No sé. (…)
¡Qué cosa más grande es para mí una visita! Ahora solo faltaba que cuando tuviesen ocasión mandasen a Fefita y a María Teresa, y a no poder ser las dos, que fuese al menos Fefita. (…)
Un abrazo tan grande que alcance a todos.

Les quiere.
Antonio.

Que será da miña familia....

Ser socialista, qué pecado máis grande cometín contra eles. Nunca quixen ningún mal para os caciques do concello, a eses que van a misa tódolos domingos e que non poden perdoar que miña conciencia estea máis limpa que a deles. Tamén hai xente boa, que se compromete buscando avales para evitar a nosa morte, pero as miñas esperanzas son poucas.

Para mi familia:

Queridísimos hermanos, padres y abuelitos:

Quiero ser yo el que les comunique la suerte que yo he corrido, aunque creo que ya lo sabrán. (…) ¡Con que dolor le escribo estas líneas, pues sé que en vez de un alivio, será un puñal más que se clavará con ahínco en sus corazones (…)

Papá, Vd. piense en mis hermanitos. Refrénelos para que ninguno llegue a un final como el mío. Que tomen la política como cosa muerta. Que se aparten completamente de todo partidismo político. (…)

Hermanos de mi alma, para vosotros también un recuerdo. No lloréis ninguno mi muerte y sed muy buenos para papá y mamá. (…) No tener pena ninguna y que esta carta sea el portador de un abrazo tan extenso que alcance a todos y de un beso tan fuerte que se oiga desde Vigo en Cañiza.

Adiós para siempre.

O máis doloroso que vou a facer na miña vida é escribir esta carta. Non sei se terei as forzas para facelo. Esta carta para miña nai. Mamaíña, que loitou tanto por un futuro que xa non existe. Ela, gobernando a casa, a terra e coidando dos seus fillos co seu marido lonxe. Teño que dicirlle tantas cousas e non sei de canto tempo dispoño.

A ti, madre querida, para ti, madre de mi alma, es esta mi última carta. En ella te mando mi último abrazo, mi último beso. Y con ella mi último recuerdo, si mamaiña, pues tú has ocupado mi mente hasta el último instante que me quedó de vida.

Quiero que no sufras por mí. Ya que la vida ha sido tan cruel conmigo, ya que me ha castigado tan duramente, sé tu fuerte. Piensa, madrecita en los otros seis hijos que te quedan. Añádele ya al cariño que le profesas, el que me tenías a mi, aunque dejes un poquito para tu hijo muerto, para tu Antonio. (…)¿Qué vale mi vida comparada con la tuya? Nada. (…)

Y por última vez te pido que me perdones por todos los sufrimientos que te he hecho pasar en todo el lapso de mi corta vida. Pues tu perdón lo es para mi todo. ¡El perdón de mi madre!...¡El perdón de lo que más quise en este mundo! (…)

Madre mía, ya que el pulso me falla, ya que las lágrimas me vendan los ojos, y el dolor me trastorna el cerebro, y aquí quiero dar fin a esta carta, la última que he de escribirte, la última de mi vida.

Madre queridísima, mi último adiós para ti, mi adiós postrero. Mi último recuerdo para ti.

Adiós para siempre, mamaiña.
Tu hijo.

Antonio.

Síntoo moito mamaíña, síntoo de verdade.

Xa están aquí, veñen anunciarnos o que non queriamos escoitar. Todo remata.

Consecuente con su escrito de hoy, participo a Vs. que he acordado que la ejecución de la sentencia de última pena recaída en causa num. 432, por Vs. instruida, contra los paisanos JESÚS EUGENIO PÉREZ PÉREZ, TIRSO GOMEZ FREIJIDO, JUSTO MOURE y ANTONIO MOJÓN VÁZQUEZ, tenga lugar en el día de hoy, a las dieciséis horas, en las inmediaciones del Castillo del Castro de esta Ciudad.

¡VIVA ESPAÑA!

Vigo, 31 de octubre de 1936.

EL COMANDANTE MILITAR. -Felipe Sánchez-

Ese capelán diríxese directamente a min, seguro que quere confesarme como aos meus compañeiros.

–Dígame usted que quiere que confiese, si yo no hice nada malo a nadie, si no cometí falta alguna. Si es necesario me confesaré ante el pueblo entero de Vigo, no hurté, no hice daño, no maté. Para mi los que tienen que confesarse son ustedes, examinen sus conciencias y miren lo que tienen encima de ellas. Preocúpese por su alma.
....
Non o podo crer, lévanme neste camión á morte como un cordeiro ao matadoiro. Non sei que lle pasará a miña familia e que pasará coa nosa República, coa nosa oportunidade de saír deste atraso, deste mundo de miserias económicas e morais. Non me verán derrotado, animarei aos compañeiros, levantarei meu brazo e gritarei ben forte ¡¡Viva a República!!.

Unha testemuña explicaría despois:

Yo lo vi. Levantó su brazo y gritó: ¡Viva la República!. Después nos subieron al Castillo del Castro, formó el pelotón de fusilamiento y sonaron las descargas. Yo vi caer a Antonio. Uno de sus compañeros a pesar de las heridas, se quedó de pie, inmóvil, hasta que lo abatieron. Al final sólo fui un testigo, imagino que para describir a los demás la cara que tenía la muerte en esos días, el rostro del fascismo.

C E R T I F I C A M O S : Que designados por el Sr. Comandante Militar de esta Plaza, para asistir al cumplimiento de sentencia firme en causa instruida por el delito de rebelión contra los paisanos ….. y ANTONIO MOJON VAZQUEZ, y una vez cumplida ésta, fueron reconocidos los reos, los cuales presentaban signos ciertos e indudables de muerte.-

Josefa Mojón Vázquez, Fefita, conta que o único que lles quedou do seu irmán foi un debuxo que lles mandou desde a cadea coa seguinte inscrición: “Recuerdo que le dejo a mis queridísimos padres y hermanos hecho la víspera de mi fusilamiento”. A pluma coa que escribiu as cartas, pluma que a familia recuperou anos despois cando un compañeiro de prisión, ao finar a súa condena no penal do Dueso, entregoulla a seus pais. E o exemplo dunha vida que serviu de guía para seus irmáns e sobriños.

Josefa explica: miña nai colleu unha depresión da que nunca se recuperou, as veces de xeonllos imploraba a Deus velo unha vez máis. Cando o meu pai foi buscar as cinzas do meu irmán ao cemiterio de Pereiró, en Vigo, para enterralas na nosa vila, mandou facer unha lápida na que fixo gravar: “el 31 de octubre de 1936 una fatal guadaña segó tu preciosa vida a los 21 años de edad”. Cada ano para Tódolos Santos repintábamos as letras e os curiosos acercábanse a ler o epitafio. Os fascistas de A Cañiza e Ribadavia intentaron por tódolos medios que se quitara esa inscrición, pero meu pai dixo que iso terían que facelo por riba do seu cadáver.

Agora xa non poden afogar as nosas voces, temos o dereito e a obriga de contar a historia dos nosos.


Leer más...